En conformidad con la representación que se ha venido haciendo a través del cine, las series de televisión y los video-juegos de una epidemia zombie, el video "The Walking Debt" y la protesta de un grupo de estudiantes de la Universidad de Ohio constituyen expresiones que ilustran cómo las nuevas generaciones de estudiantes perciben la economía de la deuda como una catástrofe en la que, sin perspectiva de futuro, sólo queda la sobrevivencia. Puesto que ésta exige decisiones rápidas a ser tomadas en el aquí y ahora de la crisis que ahora se percibe como permanente, su única dimensión temporal es el presente. La violencia de la economía que se desata con el predominio del capitalismo financiero y la deudocracia no es sólo que a través de las políticas de austeridad se produce un abandono de la vida, sino que al incorporar la deuda como motor para el crecimiento económico; es decir, al hacer de la crisis, no ya un paréntesis, sino una condición permanente, se abole la dimensión temporal del futuro. Sin ésta, ningún proyecto, sea personal o colectivo, puede ser formulado, pues la anticipación constituye el único fondo sobre el que un proyecto puede quedar contemplado. Simultáneamente, este presentismo cancela la relación con el pasado. 
 


"The walking debt"

Puesto que la referencia al pasado constituía el vehículo para la transmisión de experiencias; algo con lo cual, hasta ahora, se le daba contenido a los conceptos de cultura y civilización, es la civilización misma la que podemos decir que ha quedado en suspenso con esta economía que ha hecho de la deuda, no un recurso, sino una finalidad.


​La fascinación actual por la figura del zombie se vuelve inteligible al examinar las maneras en que los escenarios de catástrofe, lo apocalíptico y una puesta en suspenso de todo lo que aludía al concepto de civilización constituyen referencias cada vez más recurrentes en el mundo contemporáneo. En el caso de estos dos videos, se trata de la analogía entre el endeudamiento por estudios universitarios, sin derecho a la quiebra y en el contexto de la actual precariedad laboral, y la suspención, tanto de la vida como de la muerte, en el zombie; es decir, su condena a deambular sin proyecto, sin politica y sin voluntad. La situación de las nuevas generaciones constituye una clara ilustración de la tesis de Maurizio Lazzarato según la cual la condición neoliberal consiste en el endeudamiento que compromete la existencia de cada cual y redefine sus prioridades en función del pago de la deuda; es decir, que hipoteca la vida e impone prácticas de autodisciplina las cuales, lejos de estar movidas por una pasión o un proyecto, responden más bien a la culpa/deuda (en alemán, Schuld, que significa "culpa" procede de Schulden, que significa "tener deudas"). De modo que el poder disciplinario que creíamos agotado con el desmantelamiento del Welfare State resucita, pues, con esta nueva silueta, en el Debtfare State. Este nuevo poder disciplinario que invita tanto a la culpa como al castigo constituye una de las muchas maneras en que actualmente se expresa la violencia de la economía. Además del abandono de la vida, que es lo único que producen las políticas de austeridad,en otra entrada  mencionaba la transformación del dinero en deuda y de la deuda en propiedad con lo que se opera el mecanismo de expropiación y captura de la vida social. Pero la violencia que de esta economía resulta particularmente pertinente para mi investigación es la que termina por capturar el futuro mismo como dimensión temporal, pues es ésta la que abona a la condición poshistórica y al desinflamiento de lo simbólico como terreno sobre el que avanza la tecnocracia.


Implicada ya en nuestro modo de referirnos a la época como "lo contemporáneo", la simultaneidad de los tiempos - pues esto es lo que habría que entender por contemporaneidad - conlleva a la imposibilidad de producir planos distintos que estén mediados por referentes comunes. Sin esto que constituye lo propio de los procesos de simbolización, los sentidos producidos están condenados a circular de forma auto-referencial en un mismo y único plano, neutralizándose la significación. Es la imposibilidad pues de producir un corte que tenga como efecto, no un valor nulo, sino un valor diferencial; un corte que deje un resto o un rastro. El valor diferencial es un requisito para que se produzca la distinción. Ésta puede y suele producirse en la tensión de lo inseparable. No obstante, con el zombie no se trata de la tensión entre la vida y la muerte; no se trata de que una categoría no pueda ser sin la otra o que venga a ser sólo en su relación con la otra, sino que con el zombie nos topamos con una neutralización que no distingue la vida de la muerte; que las vuelve indistintas. Si como sugiere Jacques-Alain Miller,"nada es más humano que el crimen", con el escenario zombie, el crimen pierde su vínculo con la humanidad. Ni constitutivo de la Ley, ni transgresivo, ni conservador de la Ley, pues en la epidemia zombie, el crimen no tiene lugar. No se trata entonces de que la tensión entre barbarie y civilización se encuentre en el seno de la vida psíquica y social, sino que barbarie y civilización han dejado de constituir una tensión y se indistinguen al punto de anular la posibilidad tanto del desafío como de la seducción. El zombie no es, por lo tanto, ni humano, ni inhumano, ni poshumano, ni transhumano. Es sólo un signo de la muerte del signo y esta violencia, que no es ya la del lenguaje significante sino la de la inoperancia de la significación, es la que alimenta la economía de la deuda. La deuda de esta violencia no es la que estuvo en el orígen de la civilización y que en la lógica del don y el contra-don daba lugar al intercambio simbólico como fundamento de la vida social, sino que la deuda de esta violencia es otra, inédita: la que ahora anula las condiciones mismas de posibilidad del intercambio simbólico, pues no está hecha para ser reembolsada. Cuando en los artículos de Yann Moulier Boutang se aboga por la necesidad de precisar los tipos de deuda y los diferentes modos en que se organiza la relación acreedor/deudor es porque, efectivamente, unas deudas pueden abrir hacia el futuro convocando a un desafío y a una salida del habitus, mientras que otras anulan la posibilidad misma del desafío, sumergiéndonos en la fatalidad.

Departamento de Ciencias Sociales

Universidad de Puerto Rico, Recinto de Arecibo