Si la modernidad se coloca bajo el signo de la caída hacia delante, la posmodernidad lo hace bajo el signo de la deriva lateral. Si la modernidad fue la era de los proyectos, la posmodernidad será la era de las reparaciones. No obstante, contra la tendencia a hablar de auto-organización, hoy constataríamos la difícil coordinación entre la perturbación y la reparación. Sloterdijk observa la mutación política que representa una forma de gobierno defensivo que responde a los efectos secundarios interviniendo sólo luego de los incidentes y de los estados de emergencia. Además de hacer la genealogía de la antigenealogía rastreando hasta en la Antigüedad (Sócrates, Alcibíades, Jesús, entre otros) los primeros gestos de desafiliación con la tradición o con el padre, analizando las tendencias antigenealógicas en el Nuevo Testamento y examinando el rol de la mística medieval en la emergencia de subjetividades bastardas, Sloterdijk pone a desfilar a los “hijos terribles” de la Edad Moderna. El desfile termina con los autores del pensamiento rizomático, Gilles Deleuze y Félix Guattari, a quienes Sloterdijk considera como los mayores ensalzadores del sentimiento existencial post-histórico, post-genealógico y post-familiar de las redes peer-to-peer; un himno anticipado e involuntario – dirá Sloterdijk – al capitalismo financiero. 

Se trata de un libro lleno de acrobacias interpretativas que, aunque plenas en erudición, no siempre se molesta en hacer matices. Aunque con cierta distancia de algunas de las líneas argumentativas del autor en este libro; en particular, el hecho de colocar bajo el signo del futurismo la relación que los modernos habrían tenido con la dimensión temporal, algo que a mis ojos descuida demasiado la nueva relación con el pasado que los modernos inventaron en la que, sin extenderme mucho, se podría decir que inclusive se obsesionan con él, creando instituciones para su estudio y conservación, elevando al rango de disciplina fundamental la Historia, lanzándose en una nueva misión de búsqueda de la verdad con el archivo como nicho de la evidencia primera e inaugurando la preocupación por la memoria histórica (convertida hoy en business donde proliferan los memoriales de todo tipo (monumentos, conmemoraciones, museos, etc.); las inquietudes de Sloterdijk en este libro conectan con las de mi investigación en la medida en que se atiende la desintegración de los mecanismos vinculantes que permiten la cultura y se examinan las maneras en que se han ido socavando las condiciones para el campamento de base que constituía la marca de salida para las ejecutorias verticales y las  expediciones fuera del habitus necesarias en el proceso civilizacional. De igual modo, estas reflexiones arrojan luz sobre las nuevas manifestaciones de la violencia que derivan de la erosión individualista de la tradición, de la ilimitación y de la pérdida de referentes que ciertos impulsos anarquistas, con su aversión a lo jerárquico y a lo genealógico, terminaron por provocar. 

 

En esta entrega del filósofo Peter Sloterdijk se alerta sobre un fenómeno cuyas consecuencias amenazan el proceso civilizacional: la interrupción de los mecanismos de la herencia que posibilitaban la transmisión cultural y su reproducción. Los Tiempos Modernos habrían operado el giro futurista; esto es, la primacía del futuro por sobre lo que ya tuvo lugar; una reinterpretación de la dimensión temporal en la que se desestiman las tradiciones y se deslegitiman los orígenes, de modo que donde había reinado la filiación se produce una interrupción. El mundo de los padres aparece entonces como desposeído de derechos y emerge la figura del self-made man que no se debe a nada ni a nadie y cuya acción no tendría por qué tener límites. Tomándole prestada a Nietzsche la pregunta del loco en La Gaya ciencia: “¿No nos habremos precipitado en una caída continua?”, Sloterdijk va a abordar la historia de la humanidad a partir de las revoluciones modernas como una caída libre que opera según el principio de asimetría: la suma de liberaciones de energía en el proceso civilizacional sobrepasa regularmente la capacidad que tienen las fuerzas vinculantes que permiten la cultura. En otras palabras, en el proceso mundial que le sigue al hiato post-revolucionario, se producen continuamente energías superiores a las que pueden ser domesticadas bajo la forma de lo transmisible; energías que desbordan la capacidad de moderación que puedan ejercer las instituciones. 






 


Departamento de Ciencias Sociales 

Universidad de Puerto Rico, Recinto de Arecibo 

Peter Sloterdijk, Après nous le déluge(Los hijos terribles de la Edad Moderna, Siruela, 2015)