9 de mayo de 2017

En los enlaces se presentan las entrevistas realizadas a un grupo de mujeres puertorriqueñas
convictas del asesinato de sus hijos. La nota del editor, Benjamín Torres Gotay, informa que las vidas de estas mujeres “fueron rotas por la fuerza bruta del odio mucho antes de que ellas tuvieran la oportunidad de romper alguna otra”. En el reportaje, la tragedia se atribuye a causas objetivas: el desamor, el abandono de la madre o el padre, los ambientes tóxicos, la socialización en la violencia de la comunidad, las drogas y el alcoholismo, la falta de educación y la pobreza. Nos acercamos a vidas precarias, vidas que en su mayoría carecieron el sostén, las experiencias afectivas y las condiciones de supervivencia que nos humanizan.
Simultáneamente, las mujeres que cumplen largas sentencias reproducen las violencias de ese abandono, están implicadas en la zona fatal que es el asesinato de los propios hijos. En el reportaje escrito y en los videos de las entrevistas, no se reconoce el impulso a la agresión ni se cuestiona el amor maternal, una adquisición tardía de la 

MADRES ROTAS
El Nuevo día

Departamento de Ciencias Sociales

Facultad de Estudios Generales

Universidad de Puerto Rico en Río Piedras

de la cultura occidental. En los testimonios de las mujeres, la pérdida de la memoria de lo que ocurrió, el arrebato, el intento de suicidio, la necesidad de achacar el crimen a otra persona, apunta a un sentimiento de culpa, al menos una complicidad inconsciente en el pasaje al acto. Sin embargo, el reportaje Madres Rotas condensa un resentimiento que demanda de nosotros una reparación. La renuencia de las confinadas a hacerse cargo de su violencia debe problematizarse porque dificulta una solución no violenta a sus exigencias de una vida digna. Por otro lado, el trauma constituye un capital simbólico cuya explotación es de una rentabilidad inagotable y el reportaje Madres Rotas así lo ilustra.